Aquellos maravillosos años






Poco antes del verano escuché en la radio la famosa canción de Joe Cocker “With a Little help from my Friends”. Inmediatamente la asocié con la serie que la utilizó como cabecera, la de “Aquellos maravillosos años”. Si mis habilidades informáticas, que son escasas, lo permiten, la encontrareis en algún sitio de esta entrada, en la versión que cantó en Woodstock.


 

Hablando de Woodstock, Cocker debió ser de los pocos que tocaron allí que sobrevivió bastantes años más. Si ahora, que se acercan los 50 años de aquel mítico festival, quisieran hacer un homenaje a alguno de los que lo vivieron en directo, lo tendrían más fácil para encontrar alguna de las vacas que pastaba por allí que un músico, y eso que la esperanza de vida de una vaca no supera los 20 años. Para que no se diga que mi blog no es instructivo, Hago un inciso para dar un consejo a la juventud. Chicos, la genialidad está ahí y es anterior a los canutos. No por fumarse todos los porros del mundo se logra tocar la guitarra como Jimmy Hendrich o componer como Bob Marley. Igualmente uno no consigue escribir una obra maestra como “Un tranvía llamado deseo” por beber bourbon a troche y moche como su autor, porque decían que por la venas de Tennessee Williams, corría más alcohol que sangre.



Volviendo al tema que nos ocupa, al recordar la serie, pensé en la vida tan interesante de sus protagonistas en comparación con la de la gente que conozco y la mía propia. Pero claro, hay que darse cuenta, que en la ficción, existen un montón de guionistas pensantes y  nunca te cuentan el día a día, porque si no, sería tan divertido como el “Gran hermano” y probablemente sin “edredoning”. Así que con la  tranquilidad de las vacaciones de verano me puse a pensar si con las anécdotas de mis 30 años largos, bueno, quizás alguno más, pero he redondeado un poquito, me daría para escribir un par de capítulos de “mis maravillosos años”,  y la respuesta es que creo que sí. Y esto es lo que veréis en los próximos capítulos de este blog.



Llevarlo al cine ya es harina de otro costal, pero si se diera, el papel protagonista lo tendría que hacer por lo menos Andrés Velencoso, que por pedir que no quede, aunque después de ver su última película (Señor dame paciencia) no sé yo si es suficientemente gracioso. Precisamente esto me trae a la memoria la anécdota de un humorista que escuché unas vacaciones en Vejer de la Frontera, que decía con ese graciosete gracejo andaluz: “en cuanto nací, mis padres ya sabían que yo iba a ser cómico, con lo feo que nos ha salido y siendo de Cádiz…, pues tiene que ser gracioso”, y doy fe que lo era.



Está claro que buena parte de éxito de una serie radica en la elección de sus protagonistas. El aspecto de buen chaval de Kevin Arnold, el que narraba toda la trama, y la de pillo de su hermano. La cara angelical de Winnie, su “chica”, y ese encanto picassiano de Paul, el mejor amigo de Kevin,  el que era alérgico a casi todo. Vemos ahora el aspecto de cada uno de ellos y nada tiene que ver con el que se ganaron nuestro afecto. El actor que dio vida a Kevin tiene aspecto de padre de familia aburrido, “Winnie” ya no es esa niña inocente y en alguna foto se la ha visto con pinta de buscona (casi como la niñita de ET) y “Paul” ha dejado de tener esa nariz cubista para parecer un tipo normal.  En definitiva, por si nos resulta más familiar la versión patria de “Cuéntame”, lo mismo que ha pasado con el entrañable Carlitos Alcántara.



Y es que la evolución de los protagonistas marca mucho las series. El encanto de los niños de “Farmacia de guardia”, “Los Serrano” o “La que se avecina”, los cuquitos, desaparece según cumplen años las criaturas. Por eso una de mis series favoritas es “Los Simpsons”, donde después de 20 años Maggie sigue siendo bebé, Bart y Lisa preadolescentes, el peinado imposible de Marge no cambia con las modas y a pesar de todas las cervezas Duff, Hommer no ha muerto de cirrosis. También tengo que añadir que otra de mis favoritas es “Friends”, que después de 10 temporadas, las chicas han continuado tan guapas y graciosas como el primer día, y no necesariamente en ese orden.



Pues bien, todo esto para anunciar, que a partir de los próximos meses tendremos algunos capítulos (desconozco cuantos me saldrán) de “Mis maravillosos años”, alternados con alguna de las chorradas habituales. Espero que lo disfrutéis leyendo tanto como espero hacerlo yo escribiéndolo.